lunes, 5 de diciembre de 2011

The _Boy, the _Monster.

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Estaba esta mujer. Cuando yo era pequeño, no recuerdo qué habría hecho, pero ella se acercó y, con una seriedad que hubiera helado el alma y un tono firme, seguro y distante dijo: "eres un monstruo".

Doce años después, cuando la tenía entre grilletes, apoyada sobre la pared de mi sótano, cuando la miré con ira y con rencor, cuando acerqué mi cuchillo a su pecho sólo supo decir: "eres un monstruo". Con el mismo tono, exactamente el mismo tono, la misma voz, la misma expresión en su cara. Y ni siquiera sabía que era yo, ese niño al que entonces llamó monstruo, ni siquiera lo sabía. Y aun así acertó.

Así que cuando la maté la convertí en un monstruo mucho más aterrador del que yo era.

Pero no deja de ser cierto. Las cosas sólo cambian, no van a mejor. Sólo empeoran. Esa mujer tenía razón, y la siguió teniendo hasta el día de su muerte.

Las cosas sólo empeoran.

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- Allen.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Girl

Y estaba esta chica, sabes. Una del montón, nada del otro mundo, intelectual, muy despistada y algo excéntrica. Lo tenía mal (ella lo sabía de sobra) tanto para hacer amigos como para encajar en cualquier sitio, pero intentó que eso nunca la detuviese. Su vida sin embargo no era como ella hubiera deseado y a veces se arrepentía de haber deseado tantas cosas. Su gran fallo era que intentó ser lo que todo el mundo esperaba que fuera y, por supuesto, fracasó estrepitosamente. No tenía una familia feliz, podría decirse que no tenía padres aunque estuvieran vivos y desde luego apenas tenía algún amigo. Arrastraba algunos abusos desde el colegio hasta el instituto y gracias a ello odiaba ese tipo de lugares. Tampoco tenía dinero ni mucha suerte y, como era de esperar para alguien como ella, mucho ojo con los chicos. Con todo, su vida siempre llevó un rumbo triste en el que pocas (muy pocas) veces alcanzó la felicidad durante unos escasos segundos, pero estaba acostumbrada a ello.
No obstante un día, sin razón aparente (pues razones había, pero no en aquel momento preciso), se levantó de la cama y se dio cuenta de una cosa: estaba triste.
Triste, deprimida, irremediablemente deprimida.
Tras cuatro o tal vez cinco meses con esa estúpida depresión encima, pensó que ya no podría pasarle nada, pensó que ya no podía sentir nada (tal vez rabia o dolor) y durante ese tiempo empezó a observar su reflejo en todo aquello que tuviera un filo tentador.
También cabe destacar que a veces se veía obligada a pintarse frases en las manos y en los brazos para recordarse a sí misma que debía pensar en cosas felices, que debía luchar y que no debía hundirse pues, en ocasiones, esos pensamientos simplemente no llegaban por sí mismos. Y esas ocasiones empezaron a abundar de forma preocupante.

Sickboy

Estaba este chico, también. Parecido a la chica, pero un poco más triste (si cabe). De familia tampoco muy unida, rodeado siempre de gente que le hacía sentirse solo y en parte debido a su timidez nunca encajó en ningún sitio. Sin dinero, sin amigos y sin nadie más que sí mismo Sickboy ya miraba con otros ojos todo aquello que pudiera causarle un corte lo suficientemente profundo a una edad demasiado temprana. Pero aprendió a acostumbrarse al dolor y aprendió a renegar del mundo y la sociedad, yendo siempre a la suya (porque sólo se tenía a sí mismo) y a sobrevivir. No obstante Sickboy no puede evitar destruirse a sí mismo en el proceso y, a cada paso que da, a cada decisión que toma en su vida, un pedacito de él mismo se pierde, y cuando por fin ya no quede nada, Sickboy colapsará. Si el colapso acabará en asesinato o suicidio, es algo que ni él sabe.

Y luego está Jason.

Jason era (aparentemente) muy feliz.
Jason venía de una familia muy rica, por allá en Las Vegas. Su padre, un gran hombre, un gran marido y uno de los peces más gordos de la mafia amaba a su mujer y a su hijo y siempre les dio todo, absolutamente todo lo que necesitaban. Así que Jason creció como casi cualquier niño (obviando las consecuencias que el prestigio de su familia le ofrecía) y nunca tuvo que lidiar con que se metieran con él, con estar solo o con tener que valerselas demasiado por sí mismo. Tampoco tuvo demasiados problemas con su vida, siempre se presionó a sí mismo en los estudios y se obligó a ser un buen hijo, un buen amigo y un buen amante. Consiguió un buen trabajo, consiguió una bonita casa y un precioso coche.
Pero tal vez fue por eso por lo que decidió suicidarse.
Porque su casa y su coche eran lo único que realmente tenía. Lo único que realmente había tenido en toda su vida. Y a pesar de que se esforzaba, nunca consiguió tener lo que más le hubiera gustado: a alguien.

Y es algo por lo que Girl se culparía cada día, una y otra vez, algo que nunca habría imaginado que sucedería.

Y el día que sucedió, Girl se sintió la persona más terrible del mundo, se dio más asco que nunca y tuvo más ganas de hacerse daño de las que nunca antes había imaginado.
Y Sickboy se sintió miserable, abandonado y traicionado. Se sintió escoria, quería pegarse un tiro o dejarse tonto.

Y sin embargo Jason fue el único que tuvo el valor (o la estupidez) de acabar con todo aquello.

En realidad, Jason fue un puto héroe. Pero ya nunca lo sabría. Sólo esos dos desgraciados.
Y parecía que nunca dejaría de llover.

miércoles, 5 de octubre de 2011

1

Se echó hacia atrás apoyando un brazo en el hueco de la ventanilla y otro en el asiento. Jugaba con el filo de su navaja suiza, rascando con delicadeza la cicatriz esculpida en su cuello.
De pronto, para su sorpresa, sonrió. Durante una milésima de segundo, leve y apenas imperceptiblemente, sus ojos brillaron y su ánimo cambió.
Se ensimismó mirando a Girl, todavía con su sonrisa mientras ella se la devolvía sin darse cuenta hasta que estalló en un ataque de risa y se precipitó contra el volante.
Más atónita todavía, Girl no se lo creyó del todo hasta que las carcajadas de Sickboy no le hicieron un poquito de daño en el oído.

-¡No sabía que pudieras reír! -exclamó medio riéndose también.

-¡Claro que puedo, joder! -logró articular Sickboy.

Poco a poco Sickboy se iba calmando, todavía con ganas reírse contenidas en el estómago. Permaneció en silencio, observando la luz de las farolas caer sobre la interminable carretera en mitad de la noche. Respiró hondo y miró a Girl.

-Claro que puedo. Es sólo que hacía mucho tiempo que no tenía ningún motivo para ello.

Pero contigo es distinto.
Contigo me apetece ser feliz.
Sólo contigo.

Girl and The Monster